El trampero – Vardis Fisher

Imagen del pintor Alfredo Rodriguez, un pintor exquisito que retrata con detalle y exactitud innumerables paisajes del viejo Oeste, colonos, tramperos, nativos, etc. :  http://www.alfredoartist.com/
TJBlack
Extraido de la web: http://www.valdemar.com
El Trampero fue llevado al cine en Las aventuras de Jeremiah Johnson (1972), de Sydney Pollack, protagonizada por Robert Redford y con guión de John Millius.
El Trampero (Mountain Man, 1965) narra la vida y aventuras de Samson J. Minard, cazador montaraz que recorre incansable las Montañas Rocosas, su hogar, y cuya filosofía resume el propio Fisher:
«Admiraba el valor sobre todas las demás virtudes; inmediatamente después venía el temple, y el tercero de sus valores era la compasión por los débiles o indefensos».
«Sam vivía en un mundo de criaturas salvajes, muchas de las cuales eran asesinas: la comadreja, el armiño, el halcón, el águila, el lobo, el glotón, el puma, el grizzly, el gato montés… un mundo en el que la primera ley de vida era matar o escapar del que mataba».

Vardis Fisher era, y eso se ve al leer esta obra, un amante y conocedor de la naturaleza, de la vida salvaje,  de la grandeza de los ilimitados horizontes libres, y las inmensidades de las montañas. Una gran sensibilidad que sabe transmitir en una obra con una gran belleza visual, poética, donde se perciben los sonidos de bosque y se siente el frio atenazar los miembros helados. Este fragmento donde describe una nevada es muestra de esa sensible conexión con la naturaleza:
“Todos revoloteaban, se balanceaban, bajaban y bailoteaban como pájaros enloquecidos por la alegría, pero nunca había visto que dos se tocasen. Se tumbaba en treinta centímetros de blanda nieve recién caída y observaba la míriada de copos hasta que los sentidos le daban vueltas y nunca vio un fallo en la pauta, siempre cambiante e infinitamente compleja. Era como si todos los copos tuviesen ojos. No fue capaz de adivinar dónde iba a caer uno, pues hasta el último instante en que tocaba nieve, tierra o agua, se balanceaba, bailaba y cambiaba su rumbo, pero caía como si hubiese encontrado el punto perfecto e inevitable para su blanda y pequeña carga de agua congelada.”
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