Árboles

“En uno de los juegos les ataba un hilo rojo en un dedo y, un par de metros más allá, el cabo suelto lo anudaba rodeando el tronco de un árbol joven. Entonces les decía que les confiaba un amigo para que lo cuidasen. Les explicaba que el hilo era para que recordasen que todo árbol es una nube anclada al suelo. Las grandes masas boscosas eran como grandes masas nebulosas con sus coloraciones y sus relieves. Abajo era como arriba.

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»“Si se van los árboles desaparecen las nubes. Cada árbol cortado es una nube que deja de nacer”, les repetía.
»Y me escuchaban. De forma espontánea, comenzaron a aparecer cada vez más árboles rodeados por hilos, rojos, azules y verdes, y naranjas y amarillos y blancos. Todo el espectro del arcoíris. No solo ocurrió en el lago y los alrededores. La práctica se extendió más allá, al bosquecillo, a otros pueblos. Allí donde había personas que amaban a los árboles.

arshan_ribbons»Aquel juego no gustó mucho a ciertos individuos, decían que era un comportamiento incívico, que afeaba el hermoso lago y el parque. Que alejaba a los turistas.
»Fue entonces cuando decidí que había llegado el momento de que la vieja del lago desapareciese. Se acercaba el fin del verano.”

El matalobos de Guils

Jules DupréÓleo de Julien Dupré (1811-1889)

El matalobos de Guils era un pastor que de cazador, por lo del nombre, no tenía nada. Pasaba largas temporadas sin bajar al valle, pero después del invierno, bajaba al llano para vender pieles. Y en sus manos llevaba cueros y pelajes curtidos de gran belleza y suavidad: de lobo, de zorro, de topo, de marta, de conejo, de rebeco e incluso una vez la piel de un gran oso. Eso, a los ojos de los pobladores de la comarca, solo significaba que los había cazado pues, si no, era imposible obtener unas pieles tan bien curtidas. Y pronto su fama de cazador frío e implacable, creció. Los mozos querían ser como él, los cazadores adultos trataban de seguir sus pasos para saber dónde obtenía tan preciadas presas. Pero no conseguían nada. Nunca nadie le vio una escopeta al hombro. Un cayado, un paraguas, un zurrón, una vieja navaja y un perro pastor era cuanto tenía. Y cualquiera que le mirase a los ojos podía ver en aquel rostro beatifico que la violencia y la muerte estaban excluidas de su vida. Era incapaz de matar una mosca. Pero, también sabía guardar los secretos. Y el misterio se acrecentaba. Él no hacía nada para desvelarlo. Cuando la edad pudo con él y sus horas se acababan, lo reveló. Siempre que subía a la montaña con las ovejas, trataba con respeto a todos sus habitantes, alados y con pelo, los que se arrastran y los que no se pueden mover. Nunca tomaba una vida para incrementar o mejorar la suya. Los animales se le acercaban y él les obsequiaba con trozos de pan o hierbas que había recogido en su deambular, o leche de las ovejas. Ellos, agradecidos, cuando notaban la vecindad de la muerte se acercaban al pastor y este los acompañaba en sus últimas horas. Como premio a su bondad, le dejaban su cuerpo para que tomase lo que necesitara para vivir y utilizara las pieles para venderlas y procurarse su manutención. Cuando la hora le llegó a él, pidió que lo enterrasen al lado del lago de Malniu. Y allí, al pie de un granito con su nombre, a veces aparecen cuerpos de animales sin vida que buscan consuelo, una vez más, en el viejo pastor.                                                                                                                        Q.M

PAU - copia

Originariamente es un cuento dentro de otro cuento -Náyade-. Mi sorpresa ha sido ver que ha encantado tanto, o más,  a adultos cómo a niños y jóvenes. Es curioso el fenómeno que sucede, a menudo me preguntan sobre él y no admiten que pueda ser un personaje inventado.

Padre de una náyade

En el verano del 2014, escribí un cuento que trataba de recrear la historia de un personaje popular en la comarca de la Cerdanya: La anciana del lago, La vella de l’estany. Me encontré con el hecho de que, ser popular no era sinónimo de ser conocida. Había suposiciones, retazos fragmentados, “se dice…” “se cree…”.
Es una anciana legendaria, de la que se sabe muy poco, ya que sus orígenes se pierden en la bruma del pasado. Mi intención, al escribir el cuento, era acercar el personaje a toda aquella persona que quisiera escuchar esta historia. Rellenar lagunas desconocidas, con imágenes y recuerdos entrañables de las ancianas y las abuelas adorables que todos hemos conocido en alguna ocasión. Porque así, conociéndola y amándola, adquiere una vitalidad y presencia que yo calificaría de benéfica y sabia, pero sobre todo necesaria en estos tiempos modernos.
Nadie sabrá nunca la verdadera historia de lo que fue, pero sí que podemos recrear, en la ficción y en base a lo que sabemos, cómo pudo haber sido.
El cuento ha gustado mucho a todas aquellas personas que lo han leído. Dicen que es profundo, pero al mismo tiempo tierno y conmovedor. Decidí entonces, en vista de que no despertaba el suficiente interés editorial, publicarlo en Amazon. Creo que no es un cuento para que se quede en el fondo de un cajón, pero claro, ¡qué va a decir un padre!
De momento está en formato ebook, próximamente, en una semana o diez días, en papel, también en Amazon.
El cuento se ha publicado en castellano y catalán. Con los títulos respectivos de Náyade y Nàiada. Si quieres saber más, pincha sobre la cubierta correspondiente.

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