El matalobos de Guils

Jules DupréÓleo de Julien Dupré (1811-1889)

El matalobos de Guils era un pastor que de cazador, por lo del nombre, no tenía nada. Pasaba largas temporadas sin bajar al valle, pero después del invierno, bajaba al llano para vender pieles. Y en sus manos llevaba cueros y pelajes curtidos de gran belleza y suavidad: de lobo, de zorro, de topo, de marta, de conejo, de rebeco e incluso una vez la piel de un gran oso. Eso, a los ojos de los pobladores de la comarca, solo significaba que los había cazado pues, si no, era imposible obtener unas pieles tan bien curtidas. Y pronto su fama de cazador frío e implacable, creció. Los mozos querían ser como él, los cazadores adultos trataban de seguir sus pasos para saber dónde obtenía tan preciadas presas. Pero no conseguían nada. Nunca nadie le vio una escopeta al hombro. Un cayado, un paraguas, un zurrón, una vieja navaja y un perro pastor era cuanto tenía. Y cualquiera que le mirase a los ojos podía ver en aquel rostro beatifico que la violencia y la muerte estaban excluidas de su vida. Era incapaz de matar una mosca. Pero, también sabía guardar los secretos. Y el misterio se acrecentaba. Él no hacía nada para desvelarlo. Cuando la edad pudo con él y sus horas se acababan, lo reveló. Siempre que subía a la montaña con las ovejas, trataba con respeto a todos sus habitantes, alados y con pelo, los que se arrastran y los que no se pueden mover. Nunca tomaba una vida para incrementar o mejorar la suya. Los animales se le acercaban y él les obsequiaba con trozos de pan o hierbas que había recogido en su deambular, o leche de las ovejas. Ellos, agradecidos, cuando notaban la vecindad de la muerte se acercaban al pastor y este los acompañaba en sus últimas horas. Como premio a su bondad, le dejaban su cuerpo para que tomase lo que necesitara para vivir y utilizara las pieles para venderlas y procurarse su manutención. Cuando la hora le llegó a él, pidió que lo enterrasen al lado del lago de Malniu. Y allí, al pie de un granito con su nombre, a veces aparecen cuerpos de animales sin vida que buscan consuelo, una vez más, en el viejo pastor.                                                                                                                        Q.M

PAU - copia

Originariamente es un cuento dentro de otro cuento -Náyade-. Mi sorpresa ha sido ver que ha encantado tanto, o más,  a adultos cómo a niños y jóvenes. Es curioso el fenómeno que sucede, a menudo me preguntan sobre él y no admiten que pueda ser un personaje inventado.