Relatos del Año I

Recientemente, desde el equipo de Moon Magazine,  me propusieron colaborar en la celebración del primer aniversario de la renovación de la misma. Porque fue en la primavera del año pasado cuando la revista dio un salto,  cualitativo y cuantitativo, pasando de ser un blog de WP, moonmagazineinfo, a un proyecto mucho más complejo. Si definimos proyecto nos encontramos esto: Idea de una cosa que se piensa hacer y para la cual se establece un modo determinado y un conjunto de medios necesarios. Si no conociera a algunos de los responsables y especialmente a Txaro Cárdenas, capitana de la nave, escritora y periodista,  todo quedaría en eso, en un proyecto felizmente llevado a término, una revista lúdico-cultural de calidad, pero también existe otro componente no tan racional, la pasión,  el impulso de hacer realidad algo tan intangible y etéreo como puede ser un sueño. Y sí, visto así,  la revista es un sueño colectivo que ha tomado forma, el crisol de muchas sensibilidades y puntos de vista, fragmentos de pensamientos, vida y sentimientos que se unen formando una bella y caleidoscópica flor, una estrella palpitante.

Retornando al principio…La colaboración ha consistido en incluir uno de mis escritos en la antología: Relatos del año I, libro conmemorativo del evento. Puedes disponer del mismo, de manera gratuita, simplemente pulsando sobre la imagen. Serás redirigido a la página de descarga de la revista.

 Me consta que hay excelentes aportaciones de otros autores. ¡Buen provecho!

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El silencio

“El silencio es el elemento en el que se forman las grandes cosas […] La palabra es a menudo el arte de ensordecer y ocultar el pensamiento […] La palabra es grande, pero no es lo mas grande. La palabra es tiempo, el silencio es eternidad […] La verdadera vida que realmente deja huella, no se vive salvo en el silencio. Si descendéis un segundo a vuestra alma, y pensáis en alguien a quien amasteis profundamente, lo que recordaréis no serán las palabras que dijo ni los gestos que hizo, sino los silencios que habéis vivido juntos, pues es la calidad de esos silencios quien revela la calidad de vuestro amor, de vuestras almas […] Como ninguno de nosotros ignora la sombra poderosa y los juegos peligrosos que habitan en el silencio, por eso lo tememos profundamente. Soportamos con rigor el silencio solitario, nuestro propio silencio; pero el silencio de muchos, el silencio multiplicado, y sobre todo el silencio de un grupo, es una carga sobrenatural donde las almas mas fuertes pierden su poder inexplicablemente. Nos pasamos una gran parte de la vida buscando lugares donde no haya silencio.”

El tesoro de los humildes –  Maurice Maeterlinck

El lápiz y el microrrelato

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Gracias a un mineral, el grafito, podemos plasmar, materializar, aquello que surge del interior cuando escribimos. Sí, ya sé que alguno pensará ¡Qué antiguo, si yo escribo con bolígrafo! o con Montblac, con mi PC, etc. Me retro-transporto a la época de la infancia en que un lapicero o una humilde caja de colores eran ni más ni menos que varitas mágicas de las que surgían maravillas o garabatos, qué más daba. En aquella edad, sin prejuicio alguno, todo era pura creatividad que se descubría a sí misma, llena de asombro. Mirábamos sospechosamente la punta del lápiz ¿Cómo es posible? Nos preguntábamos en nuestra cándida inocencia a medida que veíamos aquello que los trazos iban dibujando. Aquello que surgía de algo que ni siquiera comprendíamos, de una simple punta negra (el mecanismo de las varitas mágicas es realmente sofisticado y esotérico).
¿Cuántas historias no escritas pueden albergar los centímetros de vida de un lápiz?
Si se trata de una novela, un ensayo, un relato largo, apenas nos llega para escribir el inicio, necesitaríamos kilómetros. Pero en cambio para el microrrelato las posibilidades son casi infinitas, un océano ilimitado compuesto de miles, millones, de gotas de agua. Todas iguales, ciñéndose a unas reglas de brevedad, pero al mismo tiempo todas distintas. Cada relato un océano de sugerencias, certezas o dudas…cada microrrelato una miríada de experiencias, dependiendo de cada lector. Un único rayo de luz atraviesa el prisma y se convierte en una galaxia cromática.
La muestra de lo expuesto es evidente en estos tres clásicos:

“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Augusto Monterroso

“Cuando me acosté ya estaba ardiendo”. Robert Fulghum

“Se venden zapatos de bebé, sin estrenar”. Ernest Hemingway

Viajes a lugares donde nunca estuvimos

Cuando era muy joven tenía un poster en la habitación donde marcaba con círculos aquellos lugares que en los libros de aventuras llamaban mi atención. Tenía marcado el Sneffels en Islandia y el fin de trayecto en Stromboli al norte de Sicilia. De volcán a volcán de la mano de Julio Verne. Así mismo tenía señalado Alaska, el Klondike, las rutas de los buscadores de oro de Jack London y los perros que tanto le gustaban. En el océano Pacífico, en una isla remota cercana a Oceanía (por lo de los caníbales) se hallaba la morada de Robinson Crusoe. Muchos años después en El lago azul, lugar cercano a la residencia de Robinson, nos enamorábamos de Brooke Shields. Lugar cercano también a donde Tom Hanks, posteriormente, vivió su aventura de Náufrago. Pero en la edad más temprana no había lugares más misteriosos y exóticos que los mencionados en las novelas y cuentos de Emilio Salgari, Malasia, Borneo, los tigres de Mompracem, la diosa Kali, piratas, princesas, mares llenos de peligros. Dicen que nunca viajó a esos lugares lejanos y que todo era fruto de su imaginación. No obstante tuvo una vida bastante novelesca, con muchos tintes trágicos, al igual que su final, se suicidó practicándose el sepukku o hara-kiri.
Pero no es este el motivo de esta entrada. Me he comprado recientemente Atlas de Islas Remotas, de Judith Schalansky. El sabor al leerlo, recorriendo esas islas, es muy similar al experimentado de niño, islas del los siete mares, con nombres evocadores que despiertan la imaginación. “Aún quedan lugares desconocidos en la tierra”, o bien, “Cincuenta islas en las que nunca estuve y a las que nunca iré”, son frases (¿mágicas?) que en la portada y contraportada del libro nos permiten un vislumbre de su contenido, la imaginación se despierta, las aguas se agitan movidas por oscuros habitantes de las profundidades. Uno desea adentrarse en las páginas de un libro muy bello, tapas duras, con el tacto de la tela, sí de tela en el lomo, como los libros de antes; y mapas, ilustraciones de islas con nombres e historia, pero sobre todo con sabor a aventura.
Os dejo una imagen con otro de mis libros de viaje preferidos: Crónicas Marcianas de Ray Bradbury. El tampoco estuvo en Marte, pero nos llevó allí con la mente. ¿Acaso la emoción no tiene el mismo valor que viajar físicamente?
Buen viaje…

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La creación literaria y el lector

Un artículo sumamente interesante del escritor y amigo Ness Belda.

¿El poema sin lector es inconcebible?

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La creación literaria y el lector

Estaba preparando una entrada basada en una frase de Gardner Botsford, que fue, durante 40 años, editor de la revista The New Yorker. Pero esta mañana surgió un debate, en mi muro de Facebook, que considero interesante exponerlo a quienes deseen dejar su opinión.
Sobre las 11:00 hs. compartí un artículo que María Mónaco, poeta y profesora de escritura poética, publicó en Ateneo Literario, titulado El poema sin lector es inconcebible (LINK), que es un fragmento de las siguientes frases del poeta asturiano Ángel González:

«… la poesía es una actividad colectiva. El poema sin lector es inconcebible, no existe. El poema necesita al lector para ser, para terminarse, para hacerse del todo… El autor del poema lo que hace es una propuesta, un texto; y esa propuesta o ese texto exige la respuesta del lector.»

Casi de inmediato, Javier Del Prado Biezma, profesor de Filología de la Universidad Complutense de Madrid, a quien no solo respeto, sino que además lo admiro, dejó su primer comentario.

La creación literaria y el lector

El debate fue el siguiente:

Javier Del Prado Biezma Esas rotundas afirmaciones hay que basarlas en algo. Empezando por preguntarse si el poeta ya no es lector. Y segundo preguntándose acerca de las funciones (plurales,) de ls escritura.
Así, a secas resultan muy bonitas, democráticas y muy demagógicas de cara a la figura del lector (¡ese creador que todos llevamos dentro, pero que nada crea).

Ness Belda a mí me parece que el artículo está muy bien argumentado, y nada demagógico. Pero cada uno tiene su opinión, y todas son muy respetables.

Javier Del Prado Biezma Todas las opiniones que se traen a colación, con las que estoy de acuerdo (excepto con la de Ángel González, cuya poética del realismo social es muy sospechosa en la ocasión) no asientan la idea de que sea el lector (únicamente, insisto en este únicamente) el que de su razón de ser al poema o a cualquier obra de creación. De acuerdo que la creación sea una dialéctica entre la nada y el ser, de acuerdo en que el poema sea una flor cuyo perfume no se agota nunca, etc. Pero ese acto de creación se da estrictamente en el acto mismo de creación, acto de creador, y en el producto de éste: el poema o el objeto de arte. Por mucho que sucesivos paseantes huelan y disfruten del perfume de la Flor, ese perfume ni será creado ni será aumentado, ni tendrá una función diferente de la que tiene. Por mucho que mire las Meninas de Velazquez, mi mirada será capaz de añadir una pincelada al cuadro. Etc.
La semiótica socialista moderna ha confundido o pretendido confundir creación con disfrute y con interpretación. Pero ni el disfrute del objeto de arte lo ‘acaba’ ni la interpretación lo modifica. Lo recorre, lo transita y permite hacer trayectos de visión, como cuando recorremos un bosque reconocido, impenetrable. Ahora bien, queda muy bonito darle al usuario el papel de creador del bosque, de la flor y del poema.
Ello, sin olvidar las consecuencias de la frase de Proust, en su ambigüedad: “Porque la obra es la creación de otro yo”.

 

Si quieres acabar de leer el debate, síguelo aquí:

http://nessbelda.blogspot.com.es/2015/09/la-creacion-literaria-y-el-lector.html?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed:+blogspot/lByWI+%28El+narrador%29

 

El club de la lucha

El otro día releía algunas páginas marcadas de “El club de la lucha” de Chuck Palahniuk:
“Hay un tipo de mujeres y de hombres jóvenes y fuertes que quieren dar sus vidas por una causa. La publicidad hace que compren ropas y coches que no necesitan. Generaciones y generaciones han desempeñado trabajos que odiaban para poder comprar cosas que en realidad no necesitan”.
Automáticamente me recordó una frase de una letra de Sex Pistols, que decía más o menos: “…tu sueño de futuro es una lista de la compra…” Siempre una maldita lista en la que lo único que cambian son los deseos, las preferencias de la edad.
No es suficiente con ver o leer las noticias, la literatura, la música, están llenas de frases que dan que pensar un poco. Y no me refiero a lo actual, de hoy mismo, los refugiados sirios y las actitudes en favor y en contra de otras personas y gobiernos. No, la humanidad siempre está de actualidad, siempre vigente…reinventándose dentro del mismo molde lleno de suciedad e imperfecciones, aunque eso no quiere decir que el contenido del molde, el pastel, no pueda ser apetitoso. Es la eterna paradoja de nuestra esencia humana, las cualidades beatíficas y las maléficas mezcladas a ojo de buen cubero; así los resultados, aunque parecen idénticos, nunca son iguales. Queda el factor sorpresa, lo imprevisto, el sabor.
Conocí el libro de Palahniuk, buscando uno de su maestro de escritura Tom Spanbauer. No lo encontré y elegí el de su discípulo. Están clasificados como pertenecientes a la escuela minimalista, ó ”escritura peligrosa” como la define Tom. Es un libro que me gustó, sorprendente, narcótico por momentos, embriagante, anárquico, muy superior a la película:
Lo que posees acabará poseyéndote”.
Tienes que considerar la posibilidad de que a Dios no le caes bien”.
Todos estamos hechos de la misma materia orgánica en descomposición”.
Únicamente cuando se pierde todo somos libres para actuar”.
De Spanbauer buscaba “Lugares Remotos”, su primera novela, por la temática relacionada con los nativos americanos, pero no la encontré. Posteriormente he leído “El hombre que se enamoró de la luna”, en el que algunos ven similitudes con algunas etapas de la escritura de William Faulkner. Me quedo con “el club…” y su rudeza o realismo sucio.

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El lago

El lago, es el título de un poema de Edgard Allan Poe. A su vez Antony and the Johnsons adaptó el poema y con su inigualable voz y piano compuso un tema precioso llamado The Lake. También tenemos el cuento de Ray Bradbury, El lago, sobrecogedor. Si ahora me acuerdo de ellos es porque, en su día, cuando los conocí,  me impresionaron. Especialmente el cuento de Bradbury. Recientemente he escrito un cuento donde no solo sale un lago, salen dos. El agua, los lagos y ríos son una constante en mis escritos, pero como no soy escritor rico, ni americano, no puedo pagarme un psicólogo para indagar en ello 🙂

Dejando la broma de lado. Los tres lagos comparten una caracteristica, te transportan a una atmósfera triste, melancólica y llena de inquietantes presagios.

Y belleza.