El brote

semilla_que_creceLa semilla encierra en su interior todo el potencial de su futuro crecimiento, de aquello en lo que se convertirá.
La tierra la acoge en su seno.
Cuando se dan las condiciones apropiadas, lluvia, sol y buena temperatura, la semilla germina.
La tierra no hace nada, simplemente la acoge en su seno.
La semilla extiende sus raíces y toma de la tierra aquellos nutrientes que necesita.
La tierra no añade nada a lo que la semilla es, la acoge en su seno.
Nadie hace nada intencionalmente y todo se va cumpliendo. La planta crecerá, florecerá y dará fruto.
Dicen que hay individuos que sanan, médicos, terapeutas, curanderos…, no lo sé, –bendita ignorancia– pero si sé que hay seres extraordinarios que son como tierra acogedora y fértil, simplemente reciben a la simiente que necesita desarrollarse, a la persona que busca consuelo. Es cuanto la tierra puede hacer. No le da al grano nada que ya no posea él. Y así, sin acción aparente, la curación acontece, las raíces toman la fuerza de la tierra y el tallo se alza al cielo. Una fuerza misteriosa lo impulsa todo.   QM.

2 - copia

P.S.

Mi madre se llamaba Antonia, era la menor de cinco hermanos varones, huérfana de padre a muy temprana edad, –guerra civil–, sufrió muchas  privaciones durante su infancia. No obstante, pese a la aridez de  las circunstancias, en su presencia germinaban todo tipo de sensaciones y emociones positivas, al igual que aquellos tallos de plantas rotas, que encontraba tirados por el suelo y le daban pena y sembraba en recipientes improvisados donde pronto retornaban a la vida. Era hija, hermana, esposa, madre, cuñada, prima, amiga y abuela, aunque yo siempre la vi como un árbol frondoso donde los pájaros ateridos por la tormenta se refugiaban, a la que todos acudían cuando arreciaban las inclemencias de la vida. Y siempre le parecía poco lo que daba, siendo tanto, porque no se había dado cuenta de la inmensidad de su corazón. Así como el mar, no consciente de sus límites, ofrece agua infinita a todo aquel que se acerca a recogerla, sin distinción, así era ella. Si ibas con un vaso recibías un vaso colmado, si ibas con un cubo lo llenaba  hasta los bordes…Más necesitabas, más podías tomar.

¿Quién puede llamar tacaño al océano? ¿Con qué recipiente recogemos la vida?

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