La flor del cerezo

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La flor del cerezo, es prima hermana de la del almendro que nos ocupaba la anterior entrada, de hecho pertenecen a la misma familia botánica Rosáceas y mismo género Prunus. Aunque luego el género se subdivide en centenares de especies y subespecies, que a su vez dan lugar a otras variedades. Pero si dejamos de lado la clasificación taxonómica y nos quedamos con lo básico, tenemos: los cerezos frutales y los ornamentales.

Dentro de estos últimos, los hay de flores simples, de flores dobles, solitarias, agrupadas en pompones, en racimos, con variedades de tonos generalmente entre el rosa oscuro y el blanco, a veces con pinceladas amarillas, siempre suaves y delicados, predominando el rosa pálido.

El cerezo en japonés se llama sakura, la flor del cerezo sakura shiro. La fiesta en la cual se contempla la floración de los mismos hanami. Durante el periodo de floración se suelen hacer celebraciones familiares, comidas,  bajo los árboles, tanto de día como de noche. De noche a la contemplación se la llama yozakura, cerezos de noche.

Los entendidos o los amantes de este espectáculo, aunque yo creo que se funden y no se puede ser entendido si no se es amante, dan a cada etapa de la flor un nombre; y no todos coinciden en que la etapa más bella es la del máximo esplendor, sino que para muchos es la fase final cuando la caída del pétalo se convierte en metáfora de la muerte.

Y es que el cerezo es un símbolo poderoso en la cultura japonesa, nos enseña a apreciar la vida y la belleza o la belleza de la vida, recordándonos que todo es efímero e impermanente, hasta las cosas más hermosas.

En el bushido o código del samurai, se emplea a menudo la flor de cerezo como emblema, como recordatorio constante de que tras la belleza y la fama sigue la muerte. Para una sociedad guerrera, el presente es todo cuanto hay, el hoy puede ser el último día. Ceremonias y pausados ritos donde el tiempo parece estar ausente, y que ponen en contacto la belleza externa, ya sea ceremonia del té, ikebana, caligrafía, etc., con el interior del hombre. Incluso se maquillaban con esmero antes de entrar en combate, porque la belleza debía formar parte de ellos incluso cuando la vida ya los había abandonado.

Jardinero1

El cuento “El jardinero” del libro Hojas de Otoño está inspirado en parte en estos hechos. Espero que lo disfrutéis.

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